ETA elimina a empresario vinculado a megaproyecto-País Mapuche Noticias

ETA elimina a empresario vinculado a megaproyecto

El atentado ha ocurrido a las 13.05 de la tarde en un aparcamiento de las inmediaciones del restaurante Kiruri, en el barrio azpeitiarra de Loiola.

Al parecer, Ignacio Uria Mendizabal, de 71 años de edad, que acababa de abandonar su domicilio, ha recibido dos disparos, uno en la cabeza y otro en el pecho. Los servicios sanitarios han tratado de reanimarlo pero Uria ha fallecido finalmente en el lugar del atentado.

Dos horas y media más tarde, efectuadas las investigaciones policiales y judiciales, el médico forense ha ordenado levantar el cuerpo, que ha sido conducido al Instituto de Medicina Legal de Donostia, donde se le practicará la autopsia.

Los autores del atentado, según Interior dos militantes de ETA, abandonaron el lugar en un vehículo que habían sustraído poco antes en Itziar, donde retuvieron a su propietario.

Ignacio Uria era uno de los propietarios de la empresa Altuna y Uria, adjudicataria de las obras del Tren de Alta Velocidad (TAV), proyecto para llevar el tren de alta velocidad al País Vasco, conocido como la 'Y vasca'.

La acción fue realizada después de años de sabotajes y amenazas por parte de ETA a las empresas adjudicatarias de las obras del TAV, a las que considera sometidas a "intereses ajenos a Euskal Herria" y acusa de "enterrar en cemento" el proyecto independentista.

El conflicto no se resuelve esperando

La muerte en atentado del empresario azpeitiarra Inazio Uria provocó que destacados representantes institucionales y dirigentes políticos apelaran ayer a la esperanza para que la sociedad vasca mantenga la vista puesta en un horizonte de paz y normalidad política para Euskal Herria, pero muchos de ellos subrayaron, al mismo tiempo, que lo único que esperan es la desaparición de ETA. Esos mensajes no servirán para nada si quienes los lanzan no son capaces de aportar algo más que palabras para resolver una situación que sus predecesores tampoco supieron, y en muchos casos no quisieron, solucionar.

En este mes de diciembre se cumplen 30 años desde que entrara en vigor la actual Constitución española, que no fue aprobada en las urnas por la ciudadanía de Hego Euskal Herria. Aquel pacto entre la dictadura franquista y la tímida oposición que se presentaba como defensora de los valores democráticos ha marcado en gran medida los parámetros en los que ahora se encuentra el denominado conflicto vasco.

Y este mismo mes se cumplen 50 años del nacimiento de ETA, hecho que por sí solo debería servir para relativizar las rotundas manifestaciones que ayer pronunciaron, entre otros, José Luis Rodríguez Zapatero y Juan José Ibarretxe sobre supuestos frutos de la lucha policial contra la organización armada. Porque, en momentos tan dramáticos como éstos, ¿de qué sirven las triunfantes comparecencias de los ministros españoles de Interior tras las detenciones de militantes de ETA? ¿Por qué ayer Alfredo Pérez Rubalcaba prefirió quedarse en un segundo plano?

Hay vías para lograr que la esperanza se plasme en un escenario democrático en Euskal Herria, pero para avanzar por ese camino es necesario abandonar las hojas de ruta caducadas y retomar los cauces que se han ido desbrozando en el último proceso de diálogo. Es necesario que los representantes políticos -y otros agentes sociales- asuman riesgos, rompan inercias y apuesten por un auténtico cambio en nuestro país.